vasillos voladores


La canción más mala del mundo
29 Marzo, 2009, 8:52 pm
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Vasillos Voladores tiene serias sospechas que ha dado con la canción más mala del mundo. Es Chotto Dong Dong de Shobo Shobo, un colectivo de diseñadores franceses especializado en la creación de monstruos. He aquí uno.

Quien convencido estaba que la peor canción venía del repertorio de Leonardo Dantés, que cambie de idea. Ésta es peor, pero con diferencia… Es tan mala, tan rítmicamente ortopédica, que no puede ser más que un punto de inflexión en la historia de la música. La escuchas y no te lo estás creyendo. Por lo mismo acabas deduciendo que en realidad es buena. Buena no. ¡Buenísima! Que algo tan infame y funesto nació para perpetuarse en un nivel superior de la estética musical que seguramente ahora no comprendemos, pero que nos será descubierto cuando la evolución haga su trabajo. Por ahora, que nos baste con sufrir al escucharla. Sadomasoquismo musical del duro para oídos inquietos. No hay dolor, a disfrutar.



Diseño sostenible (AYD 114)
28 Marzo, 2009, 8:04 pm
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Como Pereira, el diseñador sostiene. Sostiene a su familia, que no es un asunto menor. Por si fuera poco, cual dios Atlas con el mundo, el diseñador sostiene a sus espaldas el mal gusto del cliente e intenta mejorarlo para que no caiga sobre sus intenciones de hacer algo memorable. El diseñador sostiene, además, que volverá al gimnasio porque la curva de la zona abdominal está tomando una extraña condición de perpetuidad. Y mientras sostiene una taza de café en la mano, sostiene tajante que lo de la precariedad laboral, la de él y la de los demás, se debería solucionar. Así no se puede seguir.

¿Se puede sostener tanto y al mismo tiempo ser sostenible? Si se recorren las páginas de la historia, al lado del imperio romano y de la locura de la revolución industrial se podrá comprobar que el diseño siempre ha tenido de su lado el poder de la subjetividad: si gusta bien y si no también porque ha sido diseñado a la imagen y semejanza de su creador, y por tanto, él es el único ser que tiene derecho a opinar si la criatura merece larga vida, o por el contrario, se ha ganado a pulso una muerte digna. Eso hasta ahora, hasta este número más específicamente, porque ahora descubrirá el diseñador que desde que el mundo mutó a correcto escenario de las buenas intenciones de unos idealistas ya no basta con su opinión, sino que es necesario someterse al rígido examen de la humanidad para poder perdurar. Menos mal.

A golpe de ratón, quien diseña debería ser consciente que es un deber, y no una casualidad, diseñar el tríptico más bello del mundo. Así, una vez publicado, no se lanzaría al momento a la papelera y se contribuiría en hacer de este un mundo mejor al reducir desperdicios, al reciclarlo en usos —posavasos, pad mouse…— y al reutilizarlo como inspiración para el trabajo de otro cliente. Comenzar por esto y acabar siendo conscientes de los materiales que se utilizan para conseguir el producto final, hacer objeción de consciencia frente a una foto que no a lugar —trinomio mujer, bikini y neumáticos, por ejemplo— o dedicar esfuerzos para hacer llegar el diseño a aquellos a los que aún nadie se ha preocupado de encantar son asuntos en la lista de los pendientes por la profesión. Sostener que desde una mesa se pueden cambiar las cosas le puede parecer a algunos demasiado. Pero no saben, no se pueden llegar a imaginar, con quién están hablando.

Txt: Constanza Saavedra
Ilu: Mayra Aguilar

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dorsumi.org/blog



Bonet
26 Marzo, 2009, 5:17 pm
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Ésta es una de cuatro ilustraciones de temas interpretados por Maria del Mar Bonet, uno de los ejercicios del segundo trimestre del  Taller d’Il·lustració II, impartido por Ignasi Blanch.

bonet

bonet



Entre el placer y el dolor
25 Marzo, 2009, 8:53 pm
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Con el dolor de mi alma y de mi bolsillo me he ido a comprar una plancha. Algunos ya saben mis sentimientos al respecto: los electrodomésticos, siendo útiles, provocan un gasto económico que entra en la maldita categoría del profundo dolor. Hoy comprando la plancha me ha dolido el gasto, pero también me ha dolido, y mucho, la moral.

Tras detectar la cantidad de vapor adecuada a mis expectativas, elijo la plancha y me dirijo a la caja a pagar. Un sobreactuado dependiente de electrodomésticos, de esos que te prometen que la plancha canta y baila si a ti te hace ilusión, me la cobra, la pone en una bolsa y justo, pero justo en el momento en que me la está pasando por sobre el mostrador sonríe y me dice: “¡Que la disfrute!”.

¿Que la disfrute?… ¿Que la disfrute más que las 14 cervezas que me costó? ¿Que la disfrute cuando esté en casa planchando en vez de estar en el mundo? ¿Que la disfrute porque soy mujer y las mujeres disfrutamos de estas cosas? ¿O simplemente que la disfrute?

Yo no entiendo nada.



Human?
21 Marzo, 2009, 5:17 pm
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the killers

the killers

Miro el arte del último trabajo de The Killers, Day & Age, y confirmo mis más fundadas sospechas: la estética de la que se sirven los lanzamientos musicales es un género en sí, un despliegue gráfico y fotográfico particular que pese a estar peligrosamente en el límite de lo absurdo, eleva a sus protagonistas a las más altas cotas del fanatismo. Todo un misterio.

Si me preguntaran si el primer hombre por la derecha es un human o es un dancer, sinceramente no sabría qué contestar. Ese estilismo a lo cromagnon recién salido de la peluquería me deja sin argumentos. ¿Cómo criticar ese desplante? Si los de PETA no se han quejado por las pieles ni Bunbury por el descarado plagio capilar ¿qué he de opinar yo?

Esta incapacidad analítica que me invade debe ser en parte culpa que, tras años de lanzamientos musicales y los ‘80 de por medio, uno está más acostumbrada a encontrarse con músicos que miran a Dios, al futuro o al vacío, como perfectísimamente hace el primero por la izquierda, y no con hombres de las cavernas maquillados a lo Boy George. Se me antoja que esto comienza a ser demasiado.

Carátulas estilo “nos habían dicho que por aquí había un after” de Héroes del Silencio, o aquellas en las que The Police nos demostraba que las tres dimensiones realmente existen, sin duda necesitaban renovarse… ¿Pero hace falta andar asustando al personal con estas pintas?



No valer un duro
19 Marzo, 2009, 1:11 pm
Archivado en: si yo fuera...

SI YO FUERA UN BILLETE, de 50 euros por ejemplo, tendría miedito en el cuerpo. Sería como un homeless de la economía, un paria financiero. No me quedaría debajo del colchón como mi abuelo, tampoco me plantaría en el banco como mi padre, ni mucho menos vagaría de comercio en comercio como solía hacer mi primo. Me iría directo al sicólogo.

Es que seguramente sería un drama ver que al ganar años, irremediablemente pierdo valor. Me miraría cada día en el espejo y sería incapaz de reconocer si soy un billete bueno o un billete tóxico. Soñaría con que me olvidan en unos pantalones que van a directo a lavadora sin que nadie me añorase nunca más. O peor aún, que un día cualquiera me dejan de propina en un bar de mala muerte. Me sentiría como un cigarro mojado, como una campana de goma. Inútil hasta la parodia.

Cansado ya de este sin vivir y en el convencimiento de que no hay salida para este frenético desplome, me iría a lo más alto de cualquier capital financiera del mundo, cerraría los ojos y me lanzaría al vacío para acelerar mi fin. Lástima que no sabría que, tras el suave balanceo de la caída al más puro estilo pluma de Forrest Gump, alguien me cogería. Y yo, ese billete desgastado, adquiriría un valor inusitado en manos de un sorprendido y agradecido humano.



Copy ¡right!
9 Marzo, 2009, 5:12 pm
Archivado en: arte y diseño (ayd)

113

Si algo no es tuyo, seguirá sin ser tuyo a no ser que te lo den, lo compres o directamente lo robes. No hay más opciones, por escasas que éstas parezcan en un mundo acostumbrado a los excesos. Por lo mismo, más de una visita al oculista a causa de un profundo dolor de ojos habrá provocado el ver como los señoritos del marketing multinacional anuncian su street wear, su urban collection o su creatividad callejera. ¿Suya? ¿Desde cuándo?

No es que esta columna se haya vuelto roja y apoye al compañero Chávez en su cruzada contra el imperio. ¡Qué va! Menos ahora que Bush ya no está y el tema ha perdido cierta gracia, pero es que es inevitable pensar que así como siempre ha sido para el César lo que es del César, a la calle debe ser lo que es de la calle. Y que se haga justicia.

Causa frustración e impotencia —de la buena, no de la mala— entrar en una web anunciada en un sticker bien parido, pegado en una esquina olvidada con olor a meado en el centro chungo de cualquier ciudad, y encontrarse con que eso que despertó la curiosidad no es más que una campaña de marketing de una empresa de telefonía. ¿Por qué? ¿No tenían suficiente con las páginas de los periódicos, las lonas de las refomas, los opis de las paradas, los minutos de televisión, las cartas a domicilio, los sms no solicitados, los autobuses forrados o la invasión en el aeropuerto que tuvieron que utilizar un sticker?

De la misma manera, ver el trabajo gráfico de Miss Van en unos tejanos, que se venden al precio de pantalones de auténtica seda de la China milenaria, da un poco de rabia. Rabia por el precio, rabia porque ya el trazo de la dama no gustaba en las paredes como para ponerlos en el culo de alguien, pero más rabia da porque eso que ella dibujó tenía su encanto grafiteado de manera exclusiva para cada espacio urbano, para cada ciudad, y no impreso al por mayor para que lo luzca alguien que en su vida se ha bajado del coche.

Es que seguramente el mayor delito de la industria al haberse apropiado del concepto ‘urbano’ ha sido ese quiero y no puedo. La calle tiene esa frescura, picaresca y originalidad que una línea de montaje jamás podrá replicar. Por mucho que hagan la ropa más ancha, los catálogos más rayados o la música más golpeada estarán a años luz del espíritu y la estética de la calle de la que se quieren adueñar. Como lo están los palitos de cangrejos del cangrejo o el pan de gamba de la gamba. La calle será, lo que le venga la gana en ser, y allí estarán, una y otra vez, todos preparados para copiar.

Txt: Constanza Saavedra
Ilu: Mayra Aguilar

www.cuatico.net



Magnánimo
23 Febrero, 2009, 6:59 pm
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Hay gente que destaca por su inteligencia, los menos por su belleza y los más por su simpatía. Pero hay unos cuantos, unos pocos privilegiados, que simple y llanamente destacan por su cantidad. ¿Por qué más se habría de destacar? ¿No es la cantidad la esencia del despuntar?

Un taxista me explica, que ―¡atención!― este fin de semana estuvo en El Corte Inglés y se compró 12 camisas, 6 pares de bambas, 8 botes de colonia y 12 botes de espuma de afeitar, “y no se ría usted que esto es verdad”, añadió con la chulería propia de quien se sabe enorme en cantidad.

¡Alarmistas! Que alguien se atreva a decir que no se consume, que anónimo al volante de un coche en Barcelona hay un llanero solitario de la crisis, un Robin Hood de la economía para el que no valen los 3×2, sino que requiere un 12×10 ¡como mínimo!

Que sirva esta historia de consuelo para todo aquel que por la presente recesión económica atribulado está: señor, señora, alegre esa cara que un taxista de Barcelona le va a salvar.



Autista
18 Febrero, 2009, 7:58 pm
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SI YO FUERA MARK ZUCKERBERG, el de Facebook, ya habría enchufado a mi portátil mi Iomega superportable & superhard store drive para copiar toda la información de los que están dados de alta en mi red social y así saber sobre el senegalés que se hizo fan de la enchilada o del brasileño que se unió al grupo de “los que confunden a los chinos y japoneses” porque es tremendamente útil.

Mientras se copian todas las fotos, conversaciones, mails, estados civiles, además de preferencias sexuales y religiosas, me iría a poner pasta de diente en ese grano que seguro me habría salido y le gritaría a mi madre que no sea una histérica, que ya bajo a dejarle la ropa blanca para la lavadora. Solucionado ya lo estético y lo cotidiano, seleccionaría a todos, a los 120 millones de almas de mi red, y le daría al suprimir cual bellaco. A ver cómo se comunicarán a partir de ese momento con el amigo que no ven desde hace 30 años o como navegarán en las fotos de la boda a la que no les invitaron. Ja!

Llamaría al 1004 —al 1004 de aquí, claro, porque si yo fuera el de Facebook sería un Zuckerberg de aquí, claro— y pediría que me informaran a quién es el responsable de comprar datos de posibles usuarios de ADSL y móviles caros. Después de tres días y tres noches con el auricular en la oreja explicando la misma historia, habría conseguido su teléfono y habríamos cerrado el acuerdo.

Entonces cogería mi mochila Eastpak, metería el Iomega cargadito, y se lo iría a dejar. Le diría que no, que no hace falta que me sirva un café, que estoy un poco asqueado de tanta reunión así que mejor que me de el dinero ya que me quiero ir. Y me largaría. Me largaría a un sitio sin cobertura telefónica de ningún tipo, porque no querría cambiar de compañía, no querría un seguro de repatriación, no querría probar gratis ningún aspirador, y por sobre todo, no querría nunca más ser un ser tan social.

(a raíz de esto)



¿Familia?
16 Febrero, 2009, 9:57 pm
Archivado en: descarado análisis gráfico

familia

No son sus dientes, que va, porque aunque queren competir con las inigualables paletas de nuestra amiga de 4to Milenio, no son ni la sombra de tan majestuosa anatomia bucal. No son los gorritos playeros por doquier. Para nada. Tampoco las gafas, ni siquiera la camisa a rayas con complejo de pantonario. Lo que duele a la vista, lo que realmente hace saltar las lágrimas, es eso de “FAMILIA=HOMBRE Y MUJER”. Lo de los obispos, todavía, con un Dios omnipresente faltaría más que no tuviesen compañía los prelados. Pero lo de esa ecuación matemática, lo de esa fórmula no contrastada con la ciencia exacta es de delito. Ya lo dijeron algunos: la suma de las partes es mayor que el todo, y eso de 1+1=2 suena  tongo, al más cutre, antiguo y descarado de los tongos familiares. (Foto: El País, 16 de febrero de 2009)

P.D. Con lo bonito que estaba quedando esto, con lo estiloso que lo había dejado Fermenta, esta foto ha venido a arruinarlo todo. Pero como nos debemos a un fin superior que es la denuncia, hela aquí aunque nos duela.