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Martes, 24 de enero, se celebra el día del periodista. Nunca he entendido bien lo de los días dedicados, y pese a ello, como no hay regla sin flagrante excepción, haré uso y abuso del día del santo patrono de los periodistas, San Francisco de Sales, para escribir unas líneas en defensa de la profesión.
Estimado Patrono: ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿No se supone que era usted quien debería haber velado por la profesión?
Los medios desaparecen del panorama informativo nacional como si de vampiros al sol se tratara, y la agonia laboral para cientos de compañero es injustificada. Sólo por mencionar los más recientes: los gratuitos Metro y ADN liquidados, El Punt y Avui en comunión forzada con la creación de una unica edición y la desaparición de las redacciones locales, la editorial de revistas profesionales MC en suspensión de pagos, Público en la cuerda floja por la imposibilidad de refinanciar su deuda (mientras la deuda de Prisa de 3.537 millones de euros consigue hacerse eterna). Con riesgo a ser simplista, se respira en el ambiente que hoy vivimos los coletazos de una época en la que invertir en el negocio de la información era tan rentable como abrir una cuenta naranja. Así, sin tener ni idea de la dinámica, astutos empresarios fundaban periódicos y revistas que basaban su supervivencia en su capacidad casi infinita de ser contenedores de publicidad (¿quien no ha leído las primeras líneas de informacion de una revista femenina en la página 64 tras 63 páginas de anuncios?). Asimismo, quienes sí se comprometían con la información y conseguían dignas cifras de difusión, no eran bien visto por los anunciantes y sus agencias de planificación… Como diría ese gran premio Nobel de la Paz del 2007 (argh!), hay verdades que son incómodas.
La era 2.0 y el ciudadano reportero cogió a los medios mirándose al espejo. Igual que la liberación femenina de los 70 y el caso patólógico de algunos hombres que aún no saben como acomodarse a señoras que son tan señores como ellos, a las cabeceras informativas clásicas les ha costado aceptar que la información ya no es de ellos sino de todos. Así, seguimos viendo medios que el martes publican en papel lo que el lunes ya leímos por internet, escuchamos por la radio, vimos por televisión y nos contó alguien por Twitter. ¿Tanto cuesta masticar la información y conseguir una buena firma para analizar los hechos ¿Sería mucho estructurar una buena pieza que sea capaz de cruzar datos, refrescar antecedentes y apuntar tendencias? Mientras los medios sigan siendo un deja vu del mundo real, la gente de verdad los dejará de comprar.
Las fronteras de la profesión se difuminan a golpe de smartphone y hasta la carrera universitaria parece demasiado larga para unos tiempos tan rápidos que ni el coche de Regreso al futuro sería capaz de abarcar. Un lector/telespectador/oyente con twitter no reemplaza al periodista: este último tiene las herramientas, las fuentes y el conocimiento para hacer de un simple hecho, información. Por la misma regla, las fuentes se multiplican y la calle llama a gritos: es verdad que la precariedad laboral es un poderoso imán que deja al periodista clavado en su silla, pero también es verdad que las cosas pasan donde pasan y no es precisamente en la nota de prensa que recibes por e-mail donde han sucedido.
Lo de abolir los estudios de periodismo para dar paso sólo al mérito de la praxis no merece ni siquiera una línea de reflexión. Que las mallas curriculares se replanteen para que los conocimientos sean el comienzo de un buen ejercicio de la profesión y que nadie se atreva a decir que el trabajo de un periodista no tiene precio, ni siquiera en su acepción cumplido. Gratis no se trabaja. O se paga, o se verá la más pacífica de las huelgas, la de los lápices caídos.
Por último, periodistas y gabinetes de comunicación, estamos condenados a vivir en el mismo metro cuadrado ¿Podríamos tener la fiesta en paz? En esta tensa guerra fría que es la información vs. la comunicación es de sobra conocido que trabajar en un medio no es garantía de Pulitzer ni ser dircom de una cotizada te convierte en semidios. Querido dircom, si te pido una información o te busco por una declaración, ¿podrías intentar que fuera para hoy? Mañana ya es la prehistoria de un medio. You know. Asimismo, querido periodista de ese prestigioso medio, si te llamo para confirmar que has recibido la nota que acabo de enviar o si te ofrezco un tema que seguro no te va a interesar ¿Sería mucha molestia que no ladraras al teléfono? Son millones los gabinetes que sueñan con tu firma y decir un no amable toma el mismo tiempo que articular un no despectivo, sin embargo, el efecto es diametralmente opuesto.
Como escuchamos tantas veces, así son las cosas y así se las hemos contado. Mañana es el día del periodista y el santo patrono se bajó del pedestal. No nos queda otra que rezar, o mejor todavia, trabajar.
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